Vide cor tuumm

By: Material type: TextTextLanguage: Spanish Publisher: : Perro de ambiente, 2017Edition: 1a. edDescription: 53 páginas : ilustraciones; ImpresoContent type:
  • texto
Media type:
  • no mediado
Carrier type:
  • volumen
Subject(s): DDC classification:
  • 861 F954
Abstract: Uno de los significados de “adamar”, que por cierto ha caído en desuso, es ‘amar con vehemencia’. Juan de la Fuente Umetsu, en Vide cor tuum nombra siete veces la palabra “amor”: “Cuando hables del amor no te repitas / Si te repites repetirás el amor / Y el amor no se repite”. El Amor no se repite porque, al igual que la poesía, es una de las experiencias, donde la Eternidad y el Instante se funden en uno solo. El Amor ese símbolo tan caro en poetas como Salomón, Dante, los trovadores occitanos o Petrarca, mantiene una relación secreta con la Alquimia, Ciencia de las Ciencias, que aboga por un camino de superación y fusión con el otro. Pero si el tema del Amor convoca a las potencias en Vide cor tuum, también se propone una entrada a través del movimiento que viene pautado como si fuera una huida y una persecución: “A la noche le crecen puertas y ventanas / Y también escapa”. En El Cantar de los Cantares —ese magnífico poema, tan sutil en su erotismo— hay una dirección, una marcha y un deseo o como lo vio bien San Juan de la Cruz en su “Cántico” es la huida de un ciervo o la persecución de la corza frágil como ocurre en algún poema de Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen. Todo este movimiento comporta un “Tú” que se desenvuelve como el depositario de la mirada del otro: “Para navegar en tu mirada”. Tal vez el escenario en que se despliega este fluir es un lugar post apocalíptico, donde “Una canción como un planeta oscuro a veces nos alumbra”. Es determinante en este recorrido la presencia de lo abrasador (el fuego, una lumbre, un destello). Todo ello es que el Amor, aunque sea asociado a lo gélido (ríos congelados, ramas heladas), siempre rezuma la esperanza de una nueva estación, como si los ciclos nos dijeran que en la muerte se prefigura nuevas vidas como embriones, una vez más queda patente un conocimiento gnóstico y alquímico. Paul Guillén
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Libro Biblioteca Hernán Malo González Biblioteca Central Bloque B 861 F954 BG17900 (Browse shelf(Opens below)) Available BG17900

Uno de los significados de “adamar”, que por cierto ha caído en desuso, es ‘amar con vehemencia’. Juan de la Fuente Umetsu, en Vide cor tuum nombra siete veces la palabra “amor”: “Cuando hables del amor no te repitas / Si te repites repetirás el amor / Y el amor no se repite”. El Amor no se repite porque, al igual que la poesía, es una de las experiencias, donde la Eternidad y el Instante se funden en uno solo. El Amor ese símbolo tan caro en poetas como Salomón, Dante, los trovadores occitanos o Petrarca, mantiene una relación secreta con la Alquimia, Ciencia de las Ciencias, que aboga por un camino de superación y fusión con el otro. Pero si el tema del Amor convoca a las potencias en Vide cor tuum, también se propone una entrada a través del movimiento que viene pautado como si fuera una huida y una persecución: “A la noche le crecen puertas y ventanas / Y también escapa”. En El Cantar de los Cantares —ese magnífico poema, tan sutil en su erotismo— hay una dirección, una marcha y un deseo o como lo vio bien San Juan de la Cruz en su “Cántico” es la huida de un ciervo o la persecución de la corza frágil como ocurre en algún poema de Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen. Todo este movimiento comporta un “Tú” que se desenvuelve como el depositario de la mirada del otro: “Para navegar en tu mirada”. Tal vez el escenario en que se despliega este fluir es un lugar post apocalíptico, donde “Una canción como un planeta oscuro a veces nos alumbra”. Es determinante en este recorrido la presencia de lo abrasador (el fuego, una lumbre, un destello). Todo ello es que el Amor, aunque sea asociado a lo gélido (ríos congelados, ramas heladas), siempre rezuma la esperanza de una nueva estación, como si los ciclos nos dijeran que en la muerte se prefigura nuevas vidas como embriones, una vez más queda patente un conocimiento gnóstico y alquímico. Paul Guillén

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